Las manos me temblaban cuando cogí el papel. Lo leí en voz alta y rompí a llorar cuando terminé. Decía que no era una especie nueva, que justo hacía un mes, otro señor la había descubierto. El abuelito se levantó, me abrazó y me dijo que no pasaba nada. Al día siguiente aún estaba triste, pero recordé que había sido una experiencia muy buena. Llegó fin de año y aunque me había sentado muy mal no haber descubierto una especie nueva, me sentía bien por poder quedarme despierta por primera vez hasta las doce porque estábamos a punto de entrar en el nuevo siglo. Fue muy divertido aunque estábamos todos muy cansados. La mañana siguiente no pasó nada extraño, aunque yo creía que cambiaría algo con el cambio de siglo.
Las manos me temblaban cuando cogí el papel. Lo leí en voz alta. Me quedé parada con los ojos abiertos y el abuelito se levantó y me dijo que lo acompañase. La carta decía que hacia justo unas semanas un señor había llegado a Washington con la misma planta. También decía que el señor se llamaba Hofacket. El abuelito me llevo a la calesa y nos fuimos a Lockhart. Cuando llegamos al ''Salón fotográfico Hofacket'' el abuelito empezó a gritar. El señor Hofacket y el abuelo discutieron durante horas. Cuando volvíamos el abuelito no dijo nada. Llegó año nuevo y el abuelo aún no había dicho nada, ni yo tampoco. Entramos en el nuevo siglo en silencio. La mañana siguiente había nevado, hacia frío y todo estaba hermoso, pero yo no abría la boca.
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